¿Las plazas de estacionamiento PMR son accesibles?

imagen con la fotos de plazas PMR

En nuestras ciudades y pueblos cada vez hay más plazas de estacionamiento para personas con movilidad reducida(PMR) y es un gran motivo de celebración porque así se fomenta la movilidad de este colectivo.

Estas plazas son utilizadas por personas con discapacidad que tienen acreditada una tarjeta que les permite aparcar ahí. La persona que tiene la tarjeta puede ser conductora o pasajero. Conviene recordar que el tener esta tarjeta no es un privilegio, sino que es una necesidad, ya que muchas personas por sus circunstancias personales tienen especial dificultad para desplazarse, por ejemplo, en silla de ruedas o con muletas, y estas plazas consiguen dar una solución.

Sin embargo, nos encontramos una problemática, debido a que muchas de ellas no cumplen con los criterios de diseño de las normativas de accesibilidad y no existen itinerarios accesibles para acceder o salir de ellas… por lo que, ¿estas plazas están logrando su objetivo? ¿van a ser utilizadas por PMR?

Sin lugar a dudas, responderemos que no.

De nada sirve que existan muchas plazas de estacionamiento PMR si no se puede llegar a ellas, o cuando te baja del coche no puedes hacerlo porque te encuentras un escalón, o simplemente no existe el suficiente espacio para bajar la silla de ruedas… son ejemplos que para nada están alejados de la realidad.

Con estas barreras lo que se provoca es la rotura de la cadena de accesibilidad y que los usuarios y usuarias de estas plazas no se desplacen. En definitiva, estas personas se quedarán en casa y no podrán disfrutar de los servicios que ofrecen la ciudad o el pueblo en igualdad de condiciones al resto de la ciudadanía. Es por ello que pensamos que hay que auditar estas plazas y ver si cumplen o no con las normativas, y la app ACCESSCITY puede ser una herramienta idónea para llevarlo a cabo.

En las normativas podemos encontrar los siguientes criterios de accesibilidad:

- Tanto en aparcamientos en línea como en batería, estas plazas deben estar dotadas con espacio suficiente que permitan las maniobras de incorporación trasera y de transferencia lateral.

En cuanto a las dimensiones existe disparidad debido a que cada comunidad autónoma tiene su normativa, pero si nos vamos a la Orden TMA/851/2021 de 23 de julio, observamos que las dimensiones mínimas deberán ser, para las plazas en batería, 5 m de longitud, 2,20 m de ancho , más zona de aproximación y de transferencia lateral de 1,50 m. Y en cuanto a las plazas en línea, también deberán tener las mismas dimensiones mínimas y además una zona libre de obstáculos par la aproximación y transferencia posterior del mismo ancho que la plaza y longitud de al menos 3 m.

Desde aquí hacemos una llamada a que exista uniformidad en la normativa ya que no pueden existir estas diferencias que no favorecen en nada a las PMR. Si a esto le añadimos que cada municipio sigue sus protocolos y criterios para hacer visibles estas plazas nos encontramos con una diversidad que es imposible de vigilar y de saber si son accesibles o no.

- Deben estar correctamente señalizadas, por ello la señalización debe ser en el suelo con el Símbolo Internacional de Accesibilidad (SIA) y en vertical con una señal. Lo que se persigue es que sean fácilmente reconocibles.

- Otro aspecto a tener en cuenta y que muchas veces pasa desapercibido es el mantenimiento. Las plazas deben estar en perfectas condiciones para poder ser identificadas, por ejemplo que la pintura del suelo esté desgastada o la señal caída.

- El itinerario debe ser seguro frente al tráfico y accesible con rebajes en las aceras y bordillos y el pavimento adecuado.

- La dotación debe ser la suficiente teniendo en cuenta los servicios que se presten en esa zona, por ejemplo, no es lo mismo la zona de un hospital que la de un teatro.

- Es importante que el lenguaje que aparece en las señales verticales sea el adecuado y no ridiculice ni denigre a las PMR. En muchas, nos hemos encontrado la palabra “minusválidos” y nos parece muy grave. Por lo tanto, pedimos que las administraciones públicas lo tengan en cuentan y cambien esa palabra por “personas con movilidad reducida”.

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